sábado, 31 de enero de 2015

Historia de una madre (I)



-A los 45 años tuve a mi última hija! Y eso que ya no quería tener más. 

Me lo dice una de las señoras que todos los días pasa por mi cuarto para hacer la limpieza. 

-¿De verdad? 

-Si, y por cesárea. Me habían dicho que era riesgoso y que incluso podía nacer con una malformación en la mano. Creo que Dios se acercaba a mí y decidí seguir adelante. Di a luz en la 34 semana...Y la niña sana! Sin ninguna malformación. 

Comienza a contarme que tiene cuatro hijos que viene de una familia numerosa –“eramos diez hermanos”- y que su mamá le decía que recordara siempre esto, sobre todo cuando llegaran las “penas” en la familia. 

-Cada vida es una bendición, un regalo de Dios, imagino que su hija es la “joya” de la familia… 

-Así es, ahora tiene diez años y es la alegría de mi casa. Se llama Marta. Estoy contenta porque ahora se prepara para la primera comunión…

miércoles, 28 de enero de 2015

En la fiesta de Santo Tomás de Aquino


Nacido en el seno de una familia acomodada en Roccasecca, cerca de Aquino, Nápoles es uno de los de los más grandes e ilustres teólogos y pensadores de la historia. Patrono de las Estudios Teologicos, de las Universidades, Academias y Escuelas Católicas, el Aquinate, en una corta vida -49 años- fue un prolífico escritor, entre sus obras destaca la famosa "Summa Theologica". Unido a su gran inteligencia, destacaba sobre todo su vida de piedad y de oración. A él se debe la composición de los himnos de la fiesta del Corpus Christi.

Muere el 7 de marzo de 1274, en la Abadía de Fossa Nova, mientras iba de camino hacia el Concilio de Lyon. 

Cuando estaba a punto de morir rezo: "Creo firmemente y sé de cierto que Jesucristo, Dios Verdadero y Hombre Verdadero, Hijo de Dios e Hijo de la Virgen María está en este Sacramento... Te recibo a Ti, el precio de mi redención, por cuyo amor he velado, estudiado y trabajado. A Ti he predicado, a Ti he enseñado. Nunca he dicho nada en Tu contra: si dije algo mal, es sólo culpa de mi ignorancia. Tampoco quiero ser obstinado en mis opiniones, así que someto todas ellas al juicio y enmienda de la Santa Iglesia Romana, en cuya obediencia ahora dejo esta vida".

El año pasado hice una visita a la Abadía de Fossa Nova, comparto algunas fotografías.

Junto al P. Angel Sánchez de México

Interno de la iglesia, consagrada en el s.XII
La habitación donde murió Santo Tomás

 
El claustro



jueves, 22 de enero de 2015

Luego de unos días intensos

El ocaso -il tramonto- desde la ventana de mi cuarto en el hospital

Es bello contemplar los últimos rayos del sol cuando el día está por acabar, te recuerdan que a pesar del día que pudiste haber tenido siempre hay luz y al mismo tiempo te da esperanza de volver a ver esos mismo rayos el día siguiente. Cada día de vida es un milagro de Dios. 

Ayer terminé cinco días de intenso tratamiento. Gracias a Dios todo bien. La parte más dura -la quimio- ya ha pasado. Ahora queda esperar unos días más en el hospital, en observación y para controlar los efectos secundarios -que se puedan dar- y para reponerme físicamente. 

Gracias a todos por sus oraciones y compañía. Yo también los encomiendo.

miércoles, 21 de enero de 2015

Santa Inés: la prometida fiel

Santa Inés
Todos lloraban menos ella. Todos se admiraban de que, con tanta generosidad, entregara una vida de lo que aún no había comenzado a gozar, como si ya la hubiese vivido plenamente. Todos se asombraban de que fuera ya testigo de Cristo una niña que, por su edad, no podía aún dar testimonio de sí misma.

El verdugo hizo lo posible por aterrorizarla, para atraerla con halagos, muchos desearon casarse con ella. Pero ella dijo:

-Sería una injuria para mi Esposo esperar a ver si me gusta otro; Él me ha elegido, el me tendrá. ¿A que esperas, verdugo, para asestar el golpe?


Se detuvo, oró, doblo la espalda. Hubieras visto como temblaba el verdugo, como si él fuese el condenado, cómo palidecían los rostros al ver lo que le iba a suceder a la niña, mientras ella se mantenía serena. 

En una sola víctima tuvo lugar un doble martirio: el de la castidad y el de la fe.
Relicario que contiene el cráneo de la santa

domingo, 18 de enero de 2015

Las sorpresas del Señor

Venid y veréis...

Lo siguieron. Juan les había dicho que el tiempo de estar con él –a orillas del Jordán- acabaría cuando llegase. Y llego el día. Lo señaló. “He ahí, el Cordero de Dios…”

Un poco aturdidos pero confiados en la palabra del Bautista –que algo cambiaría para ellos-lo siguieron. Su figura traslucía paz, serenidad, fortaleza, convicción. No era igual como los demás maestros y doctores de la Ley.

-"Maestro, ¿Dónde vives?" El más joven –Juan se llamaba- se sorprendió a sí mismo por la pregunta. Era una mezcla de curiosidad y cierto temor. Había algo en este Rabí de Nazaret, lo sintió en el corazón, quizá eso le hizo preguntar con tal convicción.

-"Venid y lo veréis…"

El anciano Juan recuerda aún aquel día y la hora. ¿Cuánto había pasado desde entonces? ¿Setenta años? ¿80 años? Sin embargo, conservaba grabada en su mente y en su corazón la mirada y la palabra del Maestro.  Si, ciertamente volvería a seguirlo. Aquel día no les dijo nada acerca de la Cruz, ni del camino difícil que algún día tendrían que seguir por serle fiel.

Era la hora décima -4 de la tarde-…¡qué sorpresas les tenía preparadas el Maestro! Alegrías, milagros, aclamaciones…cruz, sufrimiento, persecución…“Que no se turbe su corazón…” dijo la última noche.

Si volviera a pasar, iría detrás de Él una vez más. Sin duda. Valió la pena preguntar, seguirlo...A esa hora cambio su vida para siempre.

viernes, 16 de enero de 2015

A iniciar otra batalla

La imagen de Nuestra Señora me acompaña

Hoy vuelto al hospital para continuar con el tratamiento. Me ha tomado un poco por sorpresa porque no me esperaba que fuera tan pronto, pero por consejo de los médicos y aprovechando que ya me siento un poco mejor, era necesario recomenzar. Mañana inicio con el segundo ciclo de quimioterapia.

Les pido que no dejen de encomendarme. Inicio otra batalla. Tengo la confianza plena en Dios. Aunque humanamente a veces cuesta, hay una respuesta y el consuelo divino a cada momento. Desde aquí ofrezco también las molestias propias de la enfermedad por cada uno de ustedes, sus intenciones, su vida, su familia, su trabajo.

En la medida de las posibilidades espero seguir en contacto a través de este medio -me he traído la compu-, escribiendo algunas líneas. Aquí me acompaña un crucifijo y una imagen de Nuestra Señora.

«Triunfa un emperador cuando ha vencido; y no venciera si no hubiera peleado; y cuando mayor fue el peligro en la batalla, tanto es mayor la alegría en el triunfo». (San Agustin)

miércoles, 14 de enero de 2015

Luchas


Esta mañana he ido al hospital para hacer una visita de control y unos exámenes. Al final me ha quedado tiempo para hacer una visita al Señor en la capilla del hospital. Mientras estaba allí, una familia entró también a rezar y, de pronto, uno de ellos, comenzó a llorar. ¿Qué habría detrás de ese llanto? ¿Una noticia "fatídica"? ¿Un desenlace inesperado? Lo cierto es que me hizo pensar en mis propias luchas.

En ocasiones pensamos que nuestras dificultades son "únicas", es decir, que solo a mi pasan y por eso son una "desgracia", y nos quitan la paz o nos sumen en la desesperación, o incluso, nos apartan de Dios.  Sin embargo, basta alzar la mirada y darnos cuenta que no somos los únicos, hay muchos más que luchan. Todos tenemos nuestras batallas -grandes o pequeñas- hechas a nuestra medida, porque Dios jamás nos probará más allá de nuestras fuerzas. Siempre tendremos la gracia, la ayuda divina.

Jamás olvido las palabras de aquel sacerdote que me dijo una vez: «Cuando sientas el peso de las dificultades o las contradicciones, dale una mirada al crucifijo y dile: "Señor, ¿qué es lo mío comparado con lo tuyo?"».