martes, 24 de marzo de 2015

La Confesión: Encuentro entre dos pecadores

Jornada penitencial el pasado 13 de marzo

Ayer leía este excelente artículo (aquí) del P. Maurizio Gronchi en el que hacía una reflexión sobre el Sacramento de la Confesión: 

«Para confesarse es necesario una fe sencilla para permitir decirnos por el otro: coraje, no temas, tus pecados están perdonados, ve en paz e intenta no hacerlo más…

del encuentro entre dos personas, dos pecadores, que se encuentran frente a frente, con los ojos bajos o que ni siquiera se ven a través de la malla del confesionario, el único rostro que queda impreso en ambos es el Dios misericordioso». 

Es admirable la maravilla de este misterio. Es Dios –Padre Misericordioso- que está al centro de todo. Podría ser una carga muy grande, el más grande de todos los pecados, no obstante, el perdón lo da…siempre! 

Muchas veces necesitamos un poco de fe para creer que Dios nos espera con los brazos abiertos y que nos perdona a través de un pecador también –el sacerdote-. ¿Pecador? Sí, pero instrumento de Dios. Quizá anciano o demasiado joven; con muchos años de sacerdocio o con pocos; muy serio o muy jovial, quizá con múltiples defectos, pero desgastándose en el confesionario para devolverte la alegría, el perdón, la gracia de Dios. 

Un pecador que habla, un pecador que escucha, Dios que perdona ¡Qué misterio divino! 

«He aquí que (el Padre) viene a tu encuentro; se inclinará sobre tu hombro, te dará un beso, prenda de amor y de ternura; hará que te entreguen un vestido, calzado... Tú temes todavía una reprensión...; tienes miedo de una palabra airada, y prepara para ti un banquete» (San Ambrosio)

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